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Exploremos el lenguaje de la primera mirada en este Día de las Madres: reflexiones sobre la maternidad y el vínculo emocional

Por Psic. Kimberlyn· 3 de mayo, 2026· 8 min lectura
Exploremos el lenguaje de la primera mirada en este Día de las Madres: reflexiones sobre la maternidad y el vínculo emocional

Hay domingos que llegan con una luz distinta, una que parece invitar a ordenar no solo los cajones, sino también los recuerdos. El Día de las Madres suele ser esa fecha que nos pone frente a un espejo complejo: para algunas es una celebración ruidosa; para otras, un silencio que pesa. Es esa frontera donde se encuentran la gratitud, la nostalgia y, a veces, la extrañeza de tener a alguien cerca que aún no sabe cómo habitar el vínculo de forma segura.

Recuerdo haber mirado muchas veces hacia atrás buscando respuestas, hasta que una tarde tropecé con una foto antigua. Era mi madre, mucho antes de que yo naciera. Se veía tan segura, tan elegante, mirando al futuro con una esperanza que me resultó nueva. Verla así, joven y llena de posibilidades, fue como quitarle un peso a nuestro vínculo. Comprendí que ella también fue una hija intentando descifrar su propio camino; una mujer que soñaba y que trataba de sostenerse a sí misma mucho antes de tener que sostener a otros.

Al reconocer su fragilidad y sus anhelos propios, dejé de esperar lo imposible. Dejé de buscar a la «mujer maravilla» para abrazar a la mujer humana y, en ese abrazo, por fin encontré espacio para ser yo misma.

El sostén invisible: cómo la función materna construye nuestra arquitectura emocional

Cuando nacemos, somos puro cuerpo y sensación. No entendemos de palabras, pero entendemos de miradas. El psiquismo humano no se construye en soledad; se edifica en el espejo de quien nos cuida. Es lo que el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott llamaba el holding o sostén. No se refería solo a los brazos que nos cargan, sino a la capacidad emocional de una madre para contener nuestra angustia cuando todavía no tenemos nombre para ella.

Winnicott introdujo una idea que es un bálsamo para la culpa: la madre suficientemente buena. No buscaba la perfección; al contrario, defendía que una madre que falla de vez en cuando es necesaria para el crecimiento. Esas pequeñas demoras en atendernos, esos momentos en los que no llega a tiempo, son los que nos permiten descubrir que somos seres separados, con recursos propios. Si fuera perfecta, no tendríamos espacio para existir por nuestra cuenta.

El problema surge cuando el silencio o la ausencia fueron la norma, no la excepción. En esos casos, nuestro vínculo interno se construye sobre un terreno movedizo. Pero hoy, como personas adultas, podemos mirar esa arquitectura y decidir qué hacer diferente. Trabajar nuestras competencias parentales —con nuestros hijos e hijas o con nuestra propia niña interna— empieza por validar que hicimos lo mejor que pudimos con las herramientas, a veces limitadas, que nos heredaron.

Criar sin manual: de la herencia emocional a la crianza consciente

Es casi un mantra decir que nadie nos enseña a ser padres. Y es una verdad absoluta. Sin embargo, lo que muchas veces no se dice es que, al criar, no solo estamos cuidando a un niño o una niña; también nos encontramos, cara a cara, con los fantasmas de nuestra propia infancia emocional.

A veces, la impaciencia que sentimos con un hijo o hija no es más que el eco de una impaciencia que vivimos hace años. O ese miedo profundo a dejar de ser queridos cuando ponemos un límite nace de un patrón de complacencia que aprendimos para sobrevivir en casa. Integrar la conciencia en la crianza —y en la autocrianza— no significa no equivocarse. Significa tener la capacidad de detenerse, respirar y reconocer: «esto que estoy sintiendo no le pertenece a mi hijo o hija, me pertenece a mí».

No hay manual porque cada vínculo es un idioma nuevo que se construye entre dos personas. Lo que sí existen son habilidades que podemos cultivar: la capacidad de observarnos sin juicio, de regular nuestras emociones antes de reaccionar, de poner límites desde el respeto y no desde el miedo, de escuchar de verdad —no solo responder— y de reparar cuando nos equivocamos. También implica aprender a validar lo que el otro siente sin minimizarlo y desarrollar una mirada más compasiva hacia nuestra propia historia.

Día de las Madres

La danza de la sintonía emocional: el vínculo que construye nuestra seguridad

Más allá de los grandes eventos, la maternidad se juega en lo microscópico, en lo que ocurre entre un segundo y otro. El psicólogo Daniel Stern hablaba de los momentos de encuentro, esos instantes en los que dos personas logran sintonizar su ritmo emocional. Es un baile de miradas, de tonos de voz y de gestos que nos dicen: estoy aquí.

Lo valioso de la visión de Stern es que nos recuerda que el vínculo no es una estructura rígida, sino un proceso vivo. Lo que construye nuestra seguridad no es que mamá siempre estuviera alegre, sino su capacidad de volver a nosotros tras un desencuentro. Esa sintonía —o la falta de ella— queda grabada en nuestra memoria emocional.

A veces, ese baile original fue torpe o interrumpido. Quizás hubo pasos en falso o largas pausas de ausencia que nos dejaron sintiendo que bailábamos solas. Pero hoy puedes empezar a sintonizar contigo misma. Reconocer ese latido interno que pide pausa, consuelo o simplemente ser visto. Recuperar el ritmo cuando el mundo empuja a perderlo. Convertirte en ese espejo amable que quizás no siempre estuvo, pero que ahora puedes construir dentro de ti.

Habitar el presente: cuerpo, emoción y vínculo interno

Nuestra historia no solo vive en los relatos que nos contamos; vive en nuestros hombros cargados, en la respiración que se acorta ante un conflicto o en esa sensación de vacío en el estómago. Al estar presentes, creamos un nuevo tipo de vínculo interno. Ya no depende de que alguien externo nos valide, sino de nuestra propia decisión de no abandonarnos cuando las cosas se ponen difíciles.

La identidad emocional se fortalece cada vez que elegimos tratarnos con la misma paciencia con la que cuidaríamos a ese ser que más amamos.

La danza de la sintonía emocional: el vínculo que construye nuestra seguridad

Ritual de regulación emocional: reconectar con tu propio ritmo interior

Te propongo un ejercicio sencillo para esos días en los que el peso del linaje se siente más presente. No necesitas nada más que unos minutos y la intención de ser tu propio refugio.

  • Encuentra tu pulso: Lleva una mano al centro de tu pecho y siente el latido de tu corazón. Es el ritmo más antiguo que conoces.
  • Respira con el latido: No intentes cambiar nada. Solo acompaña ese ritmo. Inhala sintiendo la vida ahí; exhala soltando la tensión del cuerpo.
  • Gesto simbólico: Cierra los ojos y visualiza tu versión actual. Acércate a ti misma, apoya una mano en tu hombro y dite en voz baja: «estoy aquí, no te voy a dejar sola».
  • Sintonía consciente: Toma un sorbo de agua o té, sintiendo cómo recorre tu cuerpo. Es una forma de recordarte que estás aquí, habitándote.

Este pequeño acto es una práctica de regulación emocional a través de la presencia. Un recordatorio de que puedes ser tu propio lugar seguro.

Una invitación a la calma: maternidad sin culpa ni pedestal

Este fin de semana —o cualquier día en que el calendario te empuje a mirar hacia el origen— recuerda que no estás obligada a sentir una gratitud impuesta ni una culpa que no te pertenece. Estás invitada, simplemente, a la conciencia.

La maternidad es una función humana, llena de luces y sombras, no un pedestal inalcanzable. Y tú, que hoy lees esto, tienes la capacidad de transformar ese vínculo interno en una fuente de libertad.

En No esperes que no esté, trabajamos cada día para que el diario sea ese espacio donde tus fragmentos puedan empezar a encontrar un sentido nuevo.

¿Cómo se siente tu ritmo hoy? ¿Hay algún pequeño momento de encuentro contigo misma que puedas regalarte antes de que termine el día?

Por:

Kimberlyn Hermoso

Psicóloga clínica.

Si quieres aprender más sobre este tema, revisar tus vínculos familiares y adquirir herramientas para transitarlos más consciente, atento y atenta al lanzamiento del libro: NO ESPERES QUE NO ESTÉ.

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